Texto escrito por
Guillermo Díaz Yuma
02/02/2014
 

A mí me pasó como a otros que forman parte del TET o del teatro en general. Era estudiante en la Escuela Nacional de Teatro del INCIBA (Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes) en 1971, allí yo finalizaba el 1er año escolar y los de 4to año presentaban su trabajo final para graduarse de actores. Fui a verlos. La obra era "Los persas" de Esquilo, la dirigía Eduardo Gil. Cuando salí de la obra me decía: ¡Éste es el teatro que quiero hacer! El siguiente periodo estuve con él en la escuela. Desde ese momento fue mi compañía; como alumno y luego como amigo y padre creativo.

Después de la Escuela Nacional de Teatro, la Dirección de Cultura de la U.C.V. lo llama a fundar un espacio de investigación teatral, fue "El Taller Experimental de Teatro de la UCV", en el año 1972. Allí estuvimos 3 años, después nos independizamos manteniendo el nombre "Taller Experimental de Teatro - TET" pues fue una invención de Eduardo, y luego de estar itinerante trabajando en muchos espacios durante unos seis años, Eduardo concluyó que por el nivel de trabajo creativo que tenía el grupo se necesitaba un lugar estable donde continuar la investigación teatral, un espacio donde sus propuestas creativas, las individuales y de grupo pudieran tener el tiempo y el espacio que exige la creación. Lo conseguimos. Fue una casa en Los Chaguaramos donde estuvimos 4 años. Facilitó conseguirla el haber ganado el premio Municipal de Teatro por la Mejor Producción y Dirección a dos obras "Morir soñando" y "Casa de fuego" dirigidas por Eduardo Gil; como consecuencia de estos reconocimientos, FUNDARTE nos asigna un subsidio que nos ayuda a tener este espacio que nosotros mismos adaptamos y acondicionamos.

Eduardo tenía razón, pues en los cuatro años que estuvimos allí, recibimos otros reconocimientos, premio Municipal de Teatro 1982 a "Por alto está el cielo en el mundo" dirigida por Eduardo Gil y la distinción de ser el grupo que representaría a Venezuela en el Festival Internacional de Teatro FIT 1983 con la obra "El día del juicio en la tarde" dirigida también por Eduardo. Ese año deja el grupo que creó, quería graduarse en Letras e investigar en otras áreas del teatro. En los siguientes años volvió como director de obras ganadoras de premios como son "El diario de un loco" de Gogol y "El jardín de los cerezos" de Chéjov.

Mi vínculo con él nunca se perdió, el amor y cariño era mutuo como el de padre e hijo, acompañado por el respeto y reconocimiento a un hombre que planteó intelectualmente y creativamente una manera diferente y renovadora de ver el teatro, una manera alejada de la literalidad, el naturalismo, que a la vez buscaba la verdad.

Un hombre brillante dijo que "La virtud de la muerte es convertir en espíritu", si es así, el espíritu de Eduardo brillará por siempre en la muerte como brilló en la vida.

Fue un creador nato, un puestista excepcional, un pedagogo excelente y un ser humano único por su espiritualidad y visión de la vida. Siempre estará con nosotros.